
El cuerpo de Ricardo III, el último rey de la dinastía Plantagenet, ha sido objeto de un asombroso viaje desde su brutal muerte en 1485 hasta su redescubrimiento en 2012 bajo un aparcamiento en Leicester. Este relato de su vida, muerte y resurgimiento revela una historia de intrigas, disputas legales y un legado que sigue fascinando al mundo.

El rey, famoso por su controvertida vida y su trágica muerte en la Batalla de Bosworth, fue tratado con indignidad después de su fallecimiento. Su cuerpo, expuesto al público y posteriormente enterrado sin ceremonia, fue olvidado durante siglos. Sin embargo, el interés por su historia nunca desapareció por completo.
En 2012, un equipo de arqueólogos, liderado por Philippa Langley de la Sociedad Ricardo III, realizó excavaciones en un aparcamiento en Leicester, donde se creía que estaba enterrado. El descubrimiento de sus restos fue una revelación histórica, confirmando que había estado en la misma ubicación durante más de 500 años.

Los análisis de los huesos revelaron que Ricardo III sufrió múltiples heridas mortales en la batalla y que su cuerpo había sido sometido a humillaciones post-mortem. Este hallazgo no solo aportó datos sobre su muerte, sino que también reavivó el debate sobre su legado y el tratamiento de su memoria.
La controversia no terminó con el descubrimiento. La discusión sobre su lugar de reentierro se convirtió en un campo de batalla legal, con varios grupos reclamando el derecho a decidir su destino final. Finalmente, en marzo de 2015, sus restos fueron enterrados en la Catedral de Leicester, marcando un cierre simbólico a su trágica historia.

La historia de Ricardo III sigue resonando, no solo por su vida y muerte, sino también por las implicaciones que tiene para la historia británica. Su redescubrimiento ha desencadenado una ola de interés, desde documentales hasta películas que exploran su legado. La fascinación por el último Plantagenet continúa, recordándonos que la historia nunca está realmente muerta.
A medida que el mundo observa, la figura de Ricardo III se convierte en un símbolo de la lucha por la verdad y la justicia, incluso más allá de la muerte. Su historia, marcada por la tragedia y la controversia, sigue inspirando debates y reflexiones sobre el pasado y su impacto en el presente.