FIRST MURDER SOLVED BY FINGERPRINTS | Case of Francesca Rojas | Famous historical murder cases

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El uso de huellas dactilares para resolver crímenes es ahora una norma, pero su eficacia se demostró por primera vez en un caso escalofriante en Argentina en 1892. La madre, Francesca Rojas, fue arrestada tras el brutal asesinato de sus dos hijos, revelando un oscuro secreto que cambiaría la historia de la criminología.

El 29 de junio de 1892, en la localidad costera de Necochea, Argentina, se descubrieron los cuerpos de dos niños, Ponciano y Felicia, de seis y cuatro años, respectivamente. La madre, Francesca Rojas, inicialmente culpó a un hombre local, Pedro Velásquez, en un intento desesperado por desviar la atención de su propio crimen.

Scene 1

La investigación se complicó rápidamente. Velásquez fue arrestado y torturado, pero su coartada era sólida. La clave del caso llegó cuando un detective, Juan Vucitic, introdujo la innovadora técnica de las huellas dactilares. En la escena del crimen, se encontró una huella sangrienta en la puerta, lo que cambiaría el rumbo de la investigación.

Cuando se comparó la huella con las impresiones de Francesca, el resultado fue impactante: coincidían. Confrontada con la evidencia, Francesca se derrumbó y confesó que había asesinado a sus hijos, fingiéndose herida para encubrir su crimen. La razón detrás de este horroroso acto fue su temor a que su amante no la aceptara por ser madre.

Scene 2

Francesca fue condenada en 1894 y sentenciada a prisión, marcando un hito en la historia de la criminología. Este caso no solo resolvió un horrendo asesinato, sino que también abrió las puertas al uso de huellas dactilares en investigaciones criminales a nivel mundial.

La importancia de este caso se extendió más allá de Argentina. En 1905, el Reino Unido utilizó huellas dactilares en el famoso caso de los “asesinatos de la máscara”, donde dos hermanos fueron condenados por el asesinato de una pareja mayor. El uso de huellas dactilares se consolidó como evidencia crucial en juicios.

Scene 3

En Estados Unidos, el primer caso exitoso con huellas dactilares ocurrió en 1910, cuando Thomas Jennings fue condenado por el asesinato de Clarence Hiller en Chicago. Las huellas encontradas en la escena del crimen fueron determinantes para su condena y ejecución en 1912, estableciendo un precedente en el sistema judicial.

A pesar de algunos errores en la identificación a lo largo de los años, el uso de huellas dactilares ha perdurado como una herramienta confiable en la lucha contra el crimen. Desde su introducción, esta técnica ha transformado la forma en que se resuelven los crímenes, convirtiéndose en un estándar en la criminología moderna.

El caso de Francesca Rojas no solo es un recordatorio escalofriante de la capacidad humana para el horror, sino también un testimonio del avance de la ciencia forense. La historia de cómo las huellas dactilares cambiaron el curso de la justicia sigue resonando en los tribunales de todo el mundo hoy en día.